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Full text of "Buen padre y mejor hijo : comedia en un acto y en verso"

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1412 

ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO-DRAMÁTICA. 



BUEN PADRE 
Y MEJOR HIJO, 

COMEDIA 

EN UN ACTO Y EN VERSO, 



ORIGINAL DE 



DON EDUARDO GUILLEN. 



MADRID. 

SEVILLA, 44, PRINCIPAL 

1878. 



5 



BUEN PADRE Y MEJOR HIJO. 



BUEN PADRE Y MEJOR HIJO, 



COMEDIA 



EN UN ACTO Y EN VERSO, 



OalGIlAl DE 



DQM EDUAHBO GUILLEN 



Representada por primera vei con extraordinario aplauso en el Teatro 
MARTIS la noche del 1 3 de Febrero de 1&7S. 



-,•■**,. ^tfS^"*^-.. 



MADRID. 

IMPRENTA DE JOSÉ RODRÍGUEZ. — CALVARIO, IS 

1878. 



PERSONAJES. ACTORES, 



ROSA Stas. Amigó. 

MAnIQUITA Valero- 

DON PEDRO Sres. Aparicio. 

fULIAN Costa. 



Esta obra es propiedad de D. Eduardo Hidalgo, y nadie podrá, 
sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España, ni 
en sus posesiones de Ultramar, ni en los paises con los cuales 
haya celebrados ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados representantes de la Administración Lírico- 
Dramática de D. EDUARDO HIDALGO, son los exclusivamente 
encargados de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



A DON FEDERICO DE ARIAS. 



Eo prueba de fraternal carino, 



&í étafcot.. 



668608 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/buenpadreymejorh2525guil 



,/ *. *v¿* «MWB» 



ACTO ÚNICO, 



Gabinete lujoso. Á un lado ua velador ó mesita sobre la que 
habrá recado de escribir y varios libros de cuentas. 



ESCENA PRIMERA. 



ROSA sentada, D. PEDRO entrando. 



Pedro. 


Á los pies de usted, Rosita... 


Rosa. 


Felices, amigo mió... 




Tome usted asiento... 


Pedro. 


(Se sienta.) Gracias 




Con razón habrá usted dicho 




que me olvidaba... 


Rosa. 


No tal... 


Pedro. 


Pero hasta ayer no he podido 




encontrar cuartos. 




(La entrega unos billetes de Banco.) 


Rosa. 


Corriente... 


Pedro. 


Mañana... 


Rosa . 


No necesito... 


Pedro. 


Habrá dinero abundante 




si pagaa los inquilinos... 




Y ahora si usted quiere... 


Ros*. 


Qué?.. 


Pedro. 


(Mostrando unos papeles.) 



Molestarse, la suplico 





que vea las cuentas... 




Rosa. 


No... 




Pedro. 


Por favor. . . 




Rosa. 


Si yo confío 
en usted... 




Pedro. 


Pero, señora... 




Rosa. 


Que estoy conforme repito. 




Pedro. 


Van ya para cuatro años 
que sus fincas administro, 
y siempre al rendirle cuentas 
me contesta usted lo mismo; 
y francamente, yo siento... 




Rosa. 


Vaya, no sea usted niño... 






(Toma los papeles y los deja sebre la 


meta.) 




Señor don Pedro?... 




Pedro. 


Señora?.. 




Rosa. 


¿Está bien este vestido?... 




Pedro. 


Precioso y muy elegante. 




Rosa. 


¿De veras? 




Pedro. 


Es muy bonito. 




Rosa. 


Mas en una viuda. 




Pedro. 


Bah! 




Rosa. 


Lo criticarán, de fijo. 




Pedro. 


Yo también soy viudo y voy... 




Rosa. 


En ustedes es distinto. 
Luego, ayer por la mañana 
los treinta y seis he cumplido. 




Pedro. 


Y yo antes de ayer ¡cuarentaí 




Rosa. 


Pero usted parece un chico. 




Pedro. 


Y usté una polluela. 




Rosa. 


Vieja. 




Pedro. 


Una polluela con juicio. 




Rosa. 


Muchas gracias. 




Pedro. 


Sí, Rosita; 
tal vez halle usted marido 
antes que la niña. 




Rosa. 


Nunca; 
ni por casarme suspiro. 




Pedro. 


¿De veras? 




Rosa. 


Sí. Y que primero 
es mi hija. 




Pedro. 


Concedido; 





9 — 





quiere decir que después.. 


Rosa. 


No señor, amigo mió. 


Pedro. 


Dispénseme usted que lo dude. 


Rosa. 


¿Pero usted en mí, qué ha visto? 


Pedro. 


Esa tristeza continua, 




esos profundos suspiros 




que nacen del alma, dicen 




que necesita cariño; 




que hay en ese corazón, 




á no dudar, un vacío, 




que ama ea silencio y que sufre 




por no ser correspondido. 


ROS4. 


(¡Dice bien!) 


Pedro. 


(Retirándose un poco-) (Cuidado, Pedro 


Rosa. 


Es usted un adivino. 


Pedro. 


Hermosa, joven y rica, 




aun al hombre de más juicio 




tiene usted quo hacer sentir 




una pasión como á un niño. 




— (Que se escurre usted, don Pedro. 


Rosa. 


Está bien. Ahora es preciso 




que adivine usted quién es 




el triste?... 


Pedro. 


El favorecido? 


Rosa. 


No por cierto. 


Pedro. 


Pues... Lo ignoro. 


Rosa. 


Pero siendo usted tan listo!... 


Pedro. 


Mas espero con el tiempo 




adivinarlo. 


Rosa. 


Confío 




que meló dirá usted. 


Pedro. 


Sí. 


Rosa. 


(Nunca se escurre el maldito.) 




Pero diga usted? 


Pedro. 


Señora?... 


Rosa. 


¿Vive usted feliz, tranquilo? 


Pedro. 


Como todo hombre de bien. 


Rosa. 


Sí; mas un viudo, y sin hijos... 


Pedro. 


¡Ay, Rosita! Mi Mercedes, 




la pobre me dejó un niño. 


Rosa. 


¿Y se murió? 


Pedro. 


No señora. 



- 10 





Me le robaron. 


Rosa. 


Dios mió! 


Pedro. 


Es verdad; como yo entonces 




era también otro cbico, 




algún pariente sin duda. 


Roía. 


Bien, pero debió decirlo, 




y á su padre sobre todo. 


Pedro. 


Qué quiere usted? no lo dijo. 


Rosa. 


Qué picardía? 


Pedro. 


Ya, ya. 


Rosa. 


¿Y era guapo? 


Pedro. 


Muy bonito! 




Y se parecería a mí. 


Ros». 


¡Hombre! ¿De veras? 


Pedro. 


(¿Qué be dicho?; 


Rosa. 


Si vive será ya uu hombre. 


Pedro. 


Ya lo creo. 


Rosa. 


.. ¿Y usté, amigo, 




no averigua?... 


Pedro. 


No señora, 




que sé que es tiempo perdido. 


Rosv. 


Y según parece ni él?... 




¡Vaya un joven! 


Pedro. 


Pobre cbico 


Rosa. 


Vamos, parece imposible. 




¡Y que esté usted tan tranquilo! 


Pedro. 


(Como que es mentira.) Sí- 




Cuando la suerte lo quiso 




convendría. 


Rosa. 


Calle usted! 


Pedro. 


Pero en el cielo confío 




que algún dia... 


Rosa. 


Quién lo duda? 




Y me alegraré infinito. 


Pedro. 


¡Qué buena es usted! 


Rosa. 


Deseo 




siempre el bien á mis amigos. 



- ti - 



ESCENA II. 

DICHOS, MARIQUITA, con sombrero puesto y uno en la ma- 
no que entregad Rosa. 

Mariq. Mamita, cuando usted quiera. 
Rosa. Sí, sí, hija mia, al instante. 

(Dirígese á uno de los espejos para colocarse el 
sombrero.) 

Mariq. ¡Ay, don Pedro! (Le da la mano.) 
Pedro. Qué elegante! 

¡qué graciosa y qué hechicera! 
Mariq. Siempre de tan buen humor. 
Pedro. ¿Y quién ese rostro al ver 

no siente al punto en placer 

trasformarse su dolor? 

¿Y quién si rá el que no rinda 

culto al ángel que así viene? 
Víariq. Ni la primavera tiene... 
Pedro. Como usté una flnr tan linda 

(Rosa se interpone.) 

Hoy los pollos en su arrullo 

dirán con voz amorosa: 

oEs natural que á tal... rosa, 

acompañe tal capullo.» 
Mariq. Gracias por tantas mercedes. 
Pedro. Es justicia que yo ufano... 
Rosa. Vaya, beso a usted la mano. 
Pedro. Estoy á los pies de ustedes. 

ESCENAIII. 

D. PEDRO. 



s » ¿£& 



Dirígese á la mesa y anda en los libros. 

¡Qué guapas son y qué amables! 
Y sobre todo, ¡qué ricas! 
La mamá me gusta mucho, 
¿qué digo? también la hija. 
Pero como ya de viudo 



— 12 — 

rae he acostumbrado á la vida, 

otra vez casarme, vamos, 

se me hace cuesta arriba. (Pausa.) 

Nada, nada, lo mejor 

que enamore á Mariquita 

mi Julián, él es muy listo 

y este cura le predica. 

Y se casarán. Después 

con frases tiernas y finas 

entretengo á Doña Rosa 

y así se pasa la vida. 

Mas si don Julián no quiere 

ó no le gusta á la niña, 

entonces, señor don Pedro, 

vaya usté á la Vicaría, 

porque puede acontecer 

el que se lleve algún quídam 

rentas y administración 

con la mamá ó con la hija. 

(Julián en el dintel de la puerta del foro.) 

Como alguno me escuchara, 
¡valiente tuno! diría. 

ESCENA IV. 



D. PEDRO y JULIÁN. 

Julián. Pero si ya lo sabía 

es fácil que se callara. 
Pedro. ¡Adiós, Julián, hijo mió! 

¿Y por Granada, qué tal? (Le abraza. 
Julián. Lo que es allí siempre igual. 
Pedro. ¿Y cómo dejas al tio? 
Julián. De salud perfectamente 

y en extremo tan contento, 

que quizá en este momento 

el pobre esté ya demente. 
Pedro. ¿Hombre, qué le ha sucedido 

para volverse así loco? 
Julián. ¿Pues le parece á usted poco 

el que yo me haya venido?... 
Pedro. Con eso das á entender 

que eres un pillo de playa. 



lo 



Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 



Pedro. 
Julián. 
Pedro. 

Julián. 
Pedro. 
Julián. 



Pedro. 
Julián. 
Pedro. 

Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 
Julián. 

Pedro. 

Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 



Mas ya te pondré yo á raya. 
Es lo que debe usté hacer. 
¿Llegaste?... 

A las diez del dia. 
¿Y estuviste en casa? 

Sí. 

Y me dijeron que aquí 
de fijo le encontraría. 
Siempre. 

Está usted empleado? 
Hijo, la suerte me ayuda, 
soy de una señora viuda... 
Santo Dios! 

(Rápido.) Apoderado. 
Pues yo siempre un holgazán: 
mas ya se ve, sin carrera... 
¡Ay, si mi madre viviera... 
Ya miré por tí, Julián. 
De veras? 

Pues ya lo creo. 
Probaré que sé quererte 
¿Conque por fin haré suerte? 
Oh! la mayor te deseo. 

Y á no dudar lo será 

si sabes aprovecharte... 
Diga usted? 

Voy á casarte. 

(Echando á correr.) 

Hasta la vista, papá. 

(Abrazándole.) Chico, que saldrás de apuros 

si tu buen arte la atrapa. 

Pero, si será?... 

Muy guapa! 
Ó tendrá?... 

¡Treinta mil duros! 

¡Virgen Santa! (Cayendo en una butaca.) 

Julianito... 
¡Jesús, y qué escopetazo! 
¿Qué te parece? 

Un abrazo! 
Si, pichón! 

¡Ay, papaito! (Se abrazan.) 



14 



Pedro. Es hija de esta señora 

y se llama Mariquita, 

muy juiciosa, muy bonita; 

¡y una gracia!... que enamora! 

Su madre roba la calma 

y en cualquier pecho hace mella; 

¡qué joven aún! ¡qué bella! 

¡qué sentimientos! ¡qué alma! 

¡A.y! eD virtud son las dos 

como en hermosura iguales. 

¡Do. ángeles celestiales 

que en la tierra puso Dios! 
Julián. Todo lo comprenda, padre, 

pues fácilmente s¿ explica, 

yo me caso con la chica 

y usted después con la madre. 
Pedro. No por cierto; cod ninguna, 

y casarse es lo mejor; 

pero no sintiendo amor 

ni deseando fortuna... 
Julián. Pues me deja usted parado 

y no lo hubiera creido. 
Pedro. Ya está el corazón dormido 

y aquel tiempo se ha pasado. 

¿Y qué de mí se diría 

al verme tras la belleza? 

Con tu edad y gentileza 

acaso me atrevería. 
Julián. Pero si está usted muy guapo 

y aún joven. Vaya, confío. 
Pedro. Mira, Julián, hijo mió, 

que vas á ganarte un lapo. 

Jü LIAN. (Cuadrándose delante de D. Pedro.) 

Y yo, ¿qué tal? 
Pedro. A pesar 

• de no vivir en la corte, 

tan distinguido es tu porte 

que espero le has de gustar. 
Julián, Bien. Y ya estoy impaciente. 
Pedro. Pero que calles te exijo 

que tú eres, Julián, mi hijo... 



Julián. Y$ comprendo. 



16 



Pedro. 



Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 

Julián. 
Pedro. 

Julián. 
Pedao. 



Ni pariente. 
— Mucha diplomacia, chico. 
— Ah! no me llames de usté, 
ni don Pedro. 

Qué diré? 
Perico, solo Perico. 
Con tu apellido segundo 
les diré: «Este caballero 
es mi amigo verdadero 
y el hombre mejor del mundo.» 
Mira que la madre es lista, 
no hagas una extravagancia, 
solo te das la importancia 
que se da un capitalista. 
¿Seré con rigor tratado 
cuando se descubra el íin'.' 
¿Has visto tú á un serafiu 
alguua vez enfadado? 
— Lo que sí estará indecisa 
si aplaudir ó no tu arte; 
¡pero lo que es perdonarte! 
— con la más dulce sonrisa!— 
Bien! Perico. 

Tunante!... 
¿Y de capa, cómo estás? 
No entiendo... 

Que si sabrás 
hacer el papel de ama ote. 
¡Ay padre, con la mujer 
fui siempre tan cobardon... 
Vaya: escucha uua leccioa 
de mi primo el brigadier. 
— Toda mujer, buen amigo, 
el enemigo es del hombre, 
cuanto más bella, aunque asombre, 
es más temible enemigo: 
así que para triunfar 
de su mágico poder 
se necesita saber 
todo un arte militar. 
—Se empieza por la sencilla 
mirada que va al rubor, 



i 



— 10- 
que en la batalla de amor 
es el fuego de guerrilla. 
Después cuando la pasión 
á su rostro á asomar llega, 
la guerrilla se replega 
y el fuego es á discreción. 
Notando que sus miradas 
de amor son ya y sus aeentos; 
¡vayan frases! ¡juramentos! 
como descargas cerradas. 
— Mas si en tu pecho un taladro 
quiere hacer para hurlarse, 
entonces sin azorarse 
al punto se forma el cuadro; 
y si fuese tan taimada 
que se empeña en abrir brecha, 
por la izquierda ó la derecha 
marche el cuadro en retirada. ¡ 
— Hasta que la suerte quiera. 
—Recoge tus tropas fieles, 
que si no bien con laureles 
¡va incólume la banderal 
Mira que el hombre venciendo 
la deja de amor herida, 
mas si de ella es la partida 
se queda siempre riendo. 
Esto lo dice uno ducho 
— que no es hijo del capricho — 
así no olvides lo dicho, 
que puede valerte mucho. 
Julián. Yo me enamoré una vez, 
y como ignoraba eso, 
comencé por darla un beso 
con la mayor timidez. 

PEDRO. (Dando unos pasos hacia atrás.) 

(Digo! ¿Quién comienza así 
para qué me escuchará?) 

Juman. Ella dio un suspiro. 

Pedro. Ya. 

Julián. Y era tan hermosa! 

Pedro. Sí. 

(Se está burlando el bribón.) 



— 47 — 

Julián. Vaya, continúe el art e. 

Pedro. Sólo me resta contarte 
el cuento del gorrión. 
— Un gorrión volandero 
á su buen padre lloraba 
porque nunca le dejaba 
que fuese solo al granero. 
Por fia le dijo: «Inocente, 
huye si quieres del nido, 
mas no lances al olvido 
esta advertencia prudente. 
Si llegas á un chico á ver 
dirigir su mano al suelo, 
hijo mió, ¡tiende el vuelo, 
que una piedra va á coger!...» 
Á lo que él contestó ufano 
moviendo con gracU el pico, 
«está bien; pero ¿y si el chico 
la trae oculta en la mano?...» 
Atsorto el padre quedó, 
y llegándole á abrazar 
le dijo: «¡Puedes volar, 
porque sabes más que yo!...» 

(Le hace una caricia y váse. Pansa.) 

ESCENA V. 

JULIÁN. 

¿Quién se resiste ó desprecia 
tan excelente partido? 
que á cabo treinta mil duros 
á cualquiera le hacen rico, 
y una bella y virtuosa 
el más dichoso marido... 
— ¿Pero si será todo esto 
alguna broma, algún lio?... 
En fin, yo debo enterarme 
al instante y con sigilo, 
y si la plaza conviene 
pronto se la pone sitio; 
que si sé vencer ó no 



— 18 — 
ya verá usted, padre mío. 

(Mirando por la puerta del foro.) 

Mas siento pasos... Son ellas... 
Huyamos por si hay peligro. 

(Váse por uaa.de tas puertas del foro.) 

ESCENA VI. 

ROS* y MARIQUITA, por la otra puerta del foro. Rosa *e 
sienta. 



Mariq. 


¿Vienes cansada, mamá? 


Rosa. 


Lo que vengo es aburrida. 


Mariq 


Y yo triste. 


Rosa. 


Tú ¿por qué? 


Mariq. 


Pues pomada... 


Rosa. 


Mariquita, 




no me engañes. 


Mariq. 


No, señora. 


Rosa. 


¿Si quieres que te lo diga? 




Verás como... 


Mariq. 


Pero... 


Rosa. 


Escucha. 


Mariq. 


(De seguro lo adivina.) 


Rosa. 


Este verano pasado, 




en Granada con tus primas 




hemos estado tres meses, 




que no son un par de dias. 




Ños venimos, y con pena 




vi bien pronto, Mariquita, 




que tu calma allí quedó 




y con ella tu alegría, 




¿Di si no es verdad? 


Mariq. 


Mamá... 


Rosa. 


Fácilmente se adivina, 




que amante y correspondida 




tuvo en Granada la niña... 


Mariq. 


¿Pero quién?... 


Rosa. 


Aquel amigo 




que visitaba á tus primas. 


Mariq. 


Pues no... 


Rosa. 


¿Cómo se llamaba? 



19 - 





Ah... Julián. — Tu sonrisa 




rae dice muy claro, que 




le quieres y no le olvidas. 


Mariq. 


Yo?... 


Rosa. 


Y no me extraña, era un joven 




que francamente valía. 




Muy zalamero... 


Mariq. 


(Y muy pillo.) 


Rosa. 


También á tu prima Luisa 




le gustaba. 


Mariq. 


(Con enfado.) Ya 10 sé. 


Rosa. 


No te enfadas... 


Mariq. 


La primita 




rae daba cada disgusto... 


Rosa. 


Hola!... 


Mariq. 


Mas no la quería. 


Rosa. 


Pero tal vez hoy... 


Mariq. 


Quizá! ... 


ROS4. 


Por si acaso debes, hija, 




completamente olvidarle. 




Eres joven, guapa, rica, 




y por tanto no será 




difícil que el mejor dia 




hasta aquí llegue algún joven 




que con frase conmovida 




le oigamos decir: «¡Señora, 




yo vengo por Mariquita...» 


Mariq. 


Y llevará calabazas. 


Rosa. 


> T o siendo persona digna... 


Mariq. 


Aunque lo sea... 


Rosa. 


Qué dices? 


Mariq. 


Sí señora... 


Rosa. 


Desatinas. 


Mariq 


Yo solo quiero á Julián, 




por él mi pecho suspira, 




no lo extrañe usted, pues nunca 




el primer amor se olvida. 


Rosa. 


¿Te declaró su pasión? 




¿Te juró que te amaría? 


Mariq. 


Si es de los que nada dicen. 


Rosa 


¿Es de los de rairaditas 




dulces, tiernas y... 



— 20 — 

MaRIQ. (Con sentimiento.) De aquellos 

que cayendo de rodillas 

con un profundo suspiro 

toda una pasión explican: 

que conmueven sin hablar 

y sin cadenas cautivan... 

Así es Julián, y sin él 

todo me aburre, me hastía; 

mas su recuerdo me alegra 

y una esperenza me anima. 

¡Mientras sufrir es mi sino, 

á pesar de que me envidian 

creyendo al fausto, ventura, 

y felicidad ser rica! 

Cuando tanto y más yo diera 

por verme toda la vida 

¡dueña de su corazón 

y en tus brazos, madre raiaT (Se abrazan.) 

ESCENA VII. 



:^x 



Julián. 

M\R1Q. 

Rosa. 
Julián. 

Rosa. 
Julián. 

Rosa. 



Julián. 

Rosa. 

Julián. 

Mariq. 

Julián. 



DICHAS y JULIÁN. 

Señoras?... 

(El es, ¡Dios mió!) 
Pero que veo!... Julián? 
(No me engañaron, son ellas.) 
Usted me dispensará... 
Yo ¿por qué?... 

Porque á su casa 
me tomé la libertad... 
Eso me prueba, amiguito, 
que llegó usted á olvidar 
que se le ofreció en Granada. 
Digo, me parece... 

Mas... 
Pero tome usted asiento. 

Gracias. (Siéntase y al lado de Roía.) 

Y mis primas! 

Tan 
buenas y tan contentas. 
— Y por esta capital? 



— i\ _ 
Rosa. Perfectamente... 

JüLlAN. (Á Mariquita.) Ya Usted 

habrá olvidado quizá 

aquellos ratitos?... 
Mariq. Nunca! 

Usted, tal vez sí?... 
Julián. Jamás! 

¿Recuerda usté aquella tarde 

que como un chiquillo igual, 

tras de una blanca paloma 

fui corriendo hasta llegar?... 
Mariq. Sí. ¡Y qué modo de correr! 
Julián. Pues ella volaba más. 
Mariq. Como que iba perseguida. 
Julián. Pero la llegué á alcanzar. 
Rosa. En siendo ligero y listo... 
Julián. (Aun así tantas se van...) 
Mariq. Ya es usted buen cazador... 
Rosa. De veras?... 
Mariq. Sí. 

Julián. Regular. 

Rosa. Vaya; Mariquita, lleva 

de aquí estos sombreros. 
Mariq. (Ya. 

Eso es decirme que largo.) 
Julián. (Tengamos serenidad.) 
Rosa. Y los guardas, eh? 
Mariq. (Sin moverse.) Corriente. 

Rosa. Vamos, niña. 
Mariq. Voy, mamá. 

(Coge los sombreros que cuando vinieron se qui- 
taron y dejaron sobre la mesa y Tase.) 

ESCENA VIII. 

DICHOS, menos MARIQUITA. 



Rosa. ¿Conque por cuanto se viene? 

Juman. Por unos dias no más. 
Como ya mi pobre tio 
es tan anciano y está 
de salud tan delicado, 



- 22 





me tengo yo que encargar 




de sus negocios. 


Rosa. 


Muy bien. 


Julián. 


Sí señora. 


Rosa. 


Y qué, Julián, 




le quiere á usted mucho? 


Julián. 


Mucho, 




lo mismo que á un hijo, igual. 


Rosa. 


¿Y será usted su heredero? 


Julián. 


Sí por cierto, que hizo ya 




el testamento y me nombra 




único y universal. 




Ya se vé, como soy pobre! 




— que esta al fin es la verdad. — 


Ros*. 


No es deshonra. , 


Julián. 


No señora; 




pero sí desgracia, á más 




huérfanito. Siempre dice: 




«todo para mi Julián.» 




Sí. 


Rosa. 


Qué buen señor. 


Julián. 


Yeldia 




que se sirva decretar 




la Providencia que herede, 




mi régimen variará. 




Porque me vendré á la corte... 


Rosa. 


Como rico ya á triunfar. 


Juman. 


Otro es mi fin. 


Rosa. 


Ya comprendo. 




¿Y es rubia, morena?... 


Julián. 


(Coa vergüenza,) Bah! 




Yo no pienso por ahora 




en esa formalidad. 




— (Por si acaso.) 


Rosa. 


(Disimula.) 


Julián. 


Pues mi idea... 


Rosa. 


Usted dirá. 


Julián. 


Pasar en Madrid tres años 




y en completa libertad 




con mi más íntimo amigo. 


Rosa. 


Quién? 


Julián. 


Pues don Pedro. 



— l'O 



Rosa. 


¿Quizá 




el que es mi administrador? 


Julián. 


El mismo, señora. 


Rosa. 


¿Y va 




se saludaron ustedes? 


Julián. 


Ahora misino en el portal. 




Nos queremos como hermanos, 




y lo que es yo á Pedro, más... 


Rosa. 


Es bellísimo sujeto, 




y así debe usted, Julián, 




hacer todo lo posible 




por no perder su amistad. 


Julián. 


Y el pobre, ¡qué desgraciado! 




Perdió todo su caudal 




en una empresa marítima. 


Rosa. 


Si cuando la suerte da... 


Julián. 


Como marítima, claro, 




se lo tragó todo el mar. 




Después á los veintisiete 




que contaría de edad, 




quiso el cielo que enviudara. 


Rosa. 


Su estrella ha sidoíatal. 




Le quedó un niño... 


Julián. 


Muy guapo! 




una miniatura! más! 


Rosa. 


Justo; eso me ha dicho. 


Julián. 


Y todos 




le dirán á usted igual. 


Rosa. 


Á estas horas será un joven. 


Julián. 


Y si salió á su papá, 




un ángel. 


Rosa. 


Tal vez. 


Julián. 


(Patudo 




y con la piel del caimán.) 


Rosa. 


¿Mas de quién sería, quién 




la mano infame y audaz 




que se le robó? 


Julián. 


(Qué dice?) 


Rosa. 


Algún pariente. 


Julián. 


Quizá. 


Rosa. 


Que se creyó que don Pedro 




no le sabría educar. 



— 24 — 



Julián. 


Seguramente. (Qué lío!) 




Pero ya parecerá. 


Rosa. 


Si le busca y no le encuentra. 


Julián. 


Lo que es la fatalidad. 


Rosa. 


Pero también ese joven 




ya podía averiguar, 




quién es su padre y en dónde 




le abrazaría. 


Julián. 


, Ya > ya- 




Será un infeliz. 


Rosa. 


ó un pillo 




sin alma ni ley. 


Julián. 


Quizás. 


Rosa. 


ó algún presumido y tonto 




de estos del dia. 


Julia*. 


Es verdad. 




Ya me lo figuro Un tipo 




de una talla regular, 




con un bigotito negro, 




muy delgadito ademas, 


, 


con guantes color de lila. 


Rosa. 


Lo que él sin duda será. 


Julián. 


(Muchas gracias.) 


Rosa. 


Sí señor. 


Julián. 


Sin embargo, no hay que hablar 




no sea que el mejor dia. 




por una casualidad 




la mano de ese pimpollo 




viniere á pedir... 


Rosa. 


Jamás; 




porque feliz no la haría 




quien no tuvo amor filial. 


Julián. 


Mas... 


Rosa. 


(Estrechando la mano á Julián.) 




Ni aun de amigo la mano 




le estrecharía, Julián. 


Julián. 


Mientras tendrá en mí don Pedro 




otro hijo. 


Rosa. 


Sí. 


Julián. 


Á pesar 




de que ya ha encontrado quien 




mejor le consolará. 



— 25 — 



Ros*. 


No comprendo. 


Julias. 


El muy bribón 




dice que se va á casar. 


Rosa. 


De veras? 


Julián. 


De veras. 


Rosa. 


(Cielos!) 


Julián. 


(Sí; yo te caso, papá.) 


Rosa. 


Pero si me tiene dicho 




que no volvería más... 


Julián. 


Lo habrá pensado de pronto. 




Sí señora. 


Rosa. 


No, Julián. 




¿Pero si se casa, cómo 




podrá atender y mirar?... 


Julias. 


Usted descuide, señora, 




que igual administrará. 


Rosa. 


¿Y quién es ella, sepamos? 


Julián. 


Sentiría... 


Rosa. 


(Qué ansiedad!) 




;,Es guapa, joven, soltera? 




Vamos... ¿diga usted, Julián? 


Julián. 


¿Me permite usted ser franco? 


Rosa. 


Se lo suplico, que os más. 


Julián. 


Pues bien: mi querido amigo, 




sin poderlo remediar 




está enamorado, loco, 




— y aunque de saber y edad — 




nunca acierta ni se atreve 




su pasión á declarar. 




Y como no es comprendido 




no aguarda de amor señal, 




que el alma que no adivina 




es que indiferente está. 




Mas yo por él vengo ufano 




á pedir, á suplicar, 




que orgulloso mensajero 




quisiera ser de su paz. 




¡Una sola frase tierna, 


i 


una esperanza no más, 




y al punto le habré llevado 




la eterna felicidad! 


Rosa. 


(¡Qué escucho! ¿Será posible? 



— 26 — 

¡Ay de mí!) 
Julián. Por Dios?... 

ROSA. (Dándole á estrechar la mano.) Julián! 

Julián Oh! gracias, gracias, señora! (Saluda.) 
Rosa. (Yéndose.) (Corazón, triunfaste ya.) 

ESCENA IX. 



JULIÁN y D. PEDRO. 

Pedro. Todavía aquí? 

Julián. Un abrazo? 

Pedro. Luego ya la has visto? 

Julián. Sí. 

Pedro. Y qué tal? 

Julián. Un ángel! 

Pedro. Y... 

¿dejaste tendido el lazo? 

Julián. En el que se ha de enredar 
por más que sepa y batalle. 

Pedro. Viste qué cara? qué talle? 
y ¿qué modo de mirar? 

Julián. Sí señor: es hechicera, 
joven, bella, candorosa; 
en fin, que .«era mi esposa 
aunque usted ya no quisiera. 

Pedro. Yo al ver cosa tan bonita, 
— en mi cariñoso afán, — 
dije: «para mi Julián.» 

Julián. ¡Bendita idea! bendita! 

Pedro. Pues si yo la hago el amor, 
que me corresponde infiero; 
pero me dije: «primero 
es mi chico, sí señor.» 
Aunque á mi alma taladre 
dejo esa felicidad... 
¡semejante heroicidad 
solamente la hace un padre! 

Julián. Que de la ventura en pos 
por acción tan meritoria 
vaya usted, y que de gloria 
se lo recompense Dios. 






Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 



Gracias, hijo mió. 

Sí. 
(Que ya verás...) 

(Pobre chico!) 
Voy á ser feliz! 

Y rico. 

Y las dos cosas por mí. 

— Si hasta aquí te avergonzaste, 
<ñ te vieron siempre triste, 
porque un arte no seguiste 
ni una carrera acabaste, 
hoy ya alegre y sin apuros 
muéstrate con arrogancia 
dándote aquella importancia 
que exigen treinta mil duros; 
que todos te harán lugar; 
tus amigos querrán ser; 
¡ciego habrá que te ha de ver, 
mudo que te llegue á hablar! 

Y te dirán á porfía 

que eres amable, elegante, 
simpático tu semblante, 
y que infundes alegría^ 
y que tu ingenio sutil 
y .tus frases muy discretas. . . 
— ¡Todo porque tus pesetas 
son ciento cincuenta mil! 
Tiene usted razón. 

(Acariciándole.) Y bien... 

¿Por haberte colocado, 
cómo pagarme has pensado? 
Colocando á usted también. 
¿Qué dices? 

Pues fácil cosa 
y muy justa á par que buena. 
Mas... 

Que á quien dio una azucena 
se le devuelva una rosa. 
No entiendo. 

El favor de usté 
á corresponder incita; 
me buscó cosa bonita, j 



— 28 — 



Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 



Pedro. 
Juman. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 
Pedro. 



Julián. 
Pedro. 

Julián. 

Pedro. 

Julián. 
Pedro. 

Julián. 
Pedro. 

Julián. 



cosa buena le busqué. 
Conque con igual favor? 
Natural que satisfaga, 
que amor con amor se paga. 
Y tú me has buscado?... 

Amor. 
Que siempre yo el bien practico, 
que así es como Dios beDdice; 
en fin, que como quien dice, 
ya estás casado, Perico. 
¡Muchacho! 

Sí. ¿Y no te alegra? 
Nunca! 

Mas... 
(Furioso.) De ningún modo. 

Pues es raro, y sobre todo 
cuando va á ser con mi suegra. 
¡Calla, infame! 

Yo... 

(Le amenaza.) Bandido! 

(listoy viendo que me estrella.) 
(Con picardía ó sin ella 
¡me ha perdido! ¡me ha perdido!) 
— Pero qué ideas tan raras 
ingerirse en otra suerte... 
¿Quién te manda á tí meterte 
en camisa de once varas? 
Porque quise que los dos... 
¿Y si tuviese yo ahora 
prometido á otra señora?... 
Se la decía, «con Dios.» 
Eso es fácil. 

Fácil, ¿eh? 

(Apretándole el cuello.) 

¡Que me va usted á arrugar! 
Si te voy á desollar 
como á San Bartolomé. 
¡Padre, por Dios! 

¡Hijo ingrato! 
— En fin, ya iremos á casa. 
(Si la tormenta no pasa 
no iré yo.) 



Pedro. 
Julián. 



Pedro. 
Julun. 



Pedro. 
Julián. 
Pedro. 
Julián. 

Pedro. 
Julián. 



Pedro. 
Julián. 



Pedro. 

Julián. 

Pedro. 
Julián. 

Pedro. 



— 29 — 

Y allí te mato! 

(Se pasean. Pausa.) 

Vaya, cue.'tion acabada; 
si hice bien ó mal no sé; 
mas ya lo arreglará us'é, 
que yo me voy á Granada. 
i\o sin casarte primero. 
Cuando á usté así le disgusta, 
á mí, inocente, me asusta 
y quiero morir soltero. 
'(¿Será pillo, santo Dios?) 

Mas Si USted... (Acariciándole.) 
(Después de pensarlo.) Veremos... 

(Ya.) 
Se decidiera... 

Quizá. 
Quedaría entre los dos 
cuanto hay de bueno en la casa. 
— Ella me dijo que sí. 
— Y que á usted le gusta... 

Á mí... 
Y que por su amor se abrasa. 
Padre, que en un mismo dia 
nos caiga la bendición. 
(Le da miedo á este bribón 
ir solo á la Vicaría.) 
Mas silencio, que ella viene... 
La niña... 

(indicando irse.) Largo de aquí. 
No. Siéntese usted ahí 
que su presencia conviene. 
Bien, bien. 

(ü. Pedro se sienta en una butaca, toma un libro 
y lee mientras que Julián y Mariquita hablan. ) 

ESCENA X. 



DICHOS y MARIQUITA. 

Mario. Julián... 

Julián. Mariquita... 

Mariq. Que no estamos solos, ealla. 



— 30 



JULIÁN. 


Cierto; pero como es sordo... 


MariQ. 


¿Quién, don Pedro? Tiene gracia. 


Julián. 


Y que el mejor es aquel 




que no quiere oir palabra. 


Mariq. 


Eso es otra cosa. 


Julián. 


Luego 




somos uno mismo; vaya. 


Mariq. 


¿Conque es tu amigo? 


Julián 


Mi padre! 




¿Quieres ya más confianza? 


Mariq. 


¿Qué dices? 


Julián. 


Que soy su hijo, 




y que vioe de Granada 




por su orden, porque desea 




que me case con... 


Mariq. 


Acaba?... 


Julián. 


Pues contigo, ¡vida mia! 




— Si es que tu madre no manda 




lo contrario. 


Mariq. 


No, mi madre 




únicamente se afana! 




por darme gusto; de modo 




que felices nuestras almas. 


Julián. 


¡Es Verdad! (La besa la mano.) 


Pedro. 


(Los parvulitos 




á su placer se despachan. 




¡Hombre!... ¿Si tendré yo envidia?) 


Mariq. 


¡Dios mió! Y yo que pensaba 




queme habías olvidado... 


Julun. 


Olvidarte yo? (Vuelve á besar la mano.) 


Pedr/>. 


(¡Caramba!) 


Mariq. 


Porque como sois los hombres... 


Julián. 


Mas nunca los que bien aman 




olvidan tan fácilmente 




sus promesas y palabras. 



(Todo lo demás lo dirá con intención y cerca da 
D. Pedro.) 

¿Y quién con un ángel? ¿Quién 
el matrimonio rechaza? 
solamente un egoista 
al que sentimientos faltan, 
ó el necio qué esclavitud 



— 51 - 

á tanta ventura llama. 
No un sensible corazón 
ni un hombre de fundamento. 
Pedro. (Pues señor, llegó el momento 
de darle la gran lección.) 

(Levántase y deja el libro, é interponiéndose le 
dice:) 

Inspirado en ese amor 
siempre, hijo mió, camina, 
que así es como el hombre atina 
con la ventura mayor. 
Jamás los tiernos abrazos 
que disipan nuestras penas 
Mamarse deben cadenas 
sino amadísimos lazos: 
. y que no es esto verdad 
te quiere probar alguno, 
de semejante importuno 
abandona la amistad. 

(Doña Rosa aparece y queda escucfcá'nila >¡n %e< 

vista.) 

Igualmente que á tu madre 
no olvides lo que te digo, 
mira que el mejor amigo 
que puede haber es un padre. 
El tuyo busca tu bien, 
— y por Dios, que no te miente — 
que prueba de que esto siente 
que á imitarte va también, 
partiendo veloz y ufano 
por hallar venturas tantas 
á suplicar á unas plantas 
la posesión de una mano. 
Aunque sospecho, ¡ay de mí! 
si igual amor no sintió^ 
que tal vez diga que no... 

ROSA. (Apareciendo y cariñosamente..) 

ó tal vez diga que sí. 



ESCENA ÚLTIMA. 



TODOS. 

Aunque en lugar de cariño 
merece por sus engaños... 
Pedro. Es que á pesar de los años 

hay quien será siempre un niño. 
En fio, para el que pecó 
venga ya la penitencia. 

RuSA. (Dándole á besar la mano.) 

Siempre ha alcanzado indulgencia 
quien su falta confesó. 

(Á D. Pedro señalando á Julián.) 

El joven ya ha parecido. 
Pedro. Tenía que suceder, 

que no se puede perder 

pájaro que tiene nido. 
Julián. Señora... 

ROSA. (En tono de reconvención.) 

Muy bien, Julián... 
Perfectamente, María... 

PEDRO. (Suplicándola.) 

¡Por Dios, Rosa!... 
Mariq. (w.) Madre mia!... 

Pedro. Que muy felices serán.... 
Rosa. Bien... 

M*R1Q. Ah! (Se abrazan las dos.) 

Julián, (á d. Pedro.) Nos perdonó! 
Pedro. Sí. 

Rosa. Yo siempre con mil amores. 
— Ahora faltan los señores... 

PEDRO. (Á Rosa indicándole que suplique.) 

Pues eso le toca á tí. 
Rosa. (ai público.) 

Si aprobáis el casamiento 
y perdonáis la humorada, 
dad para nuestro contento 
al punto el consentimiento 
por medio de una palmada. 

FIN DE LA COMEDIA. 



PUNTOS DE VENTA. 



MADRID 



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